Acerca de los linchamientos

Sé que  los linchamientos no son la respuesta, para nada. Alejarnos del estado de Derecho es volver el tiempo atrás, a la ley de la jungla, al sálvese quien pueda, al vale todo. Pero para que haya estado de Derecho tiene que haber derecho, instituciones y justicia que lo avalen y lo sostengan. Si no hay garantías para los que acatan la ley el estado de derecho es una cáscara vacía que protege a aquellos que están fuera de la misma.

No, no creo que nadie se merezca la muerte por robar una cartera; es más, más allá de la bronca pasajera que puedas generarte ciertos actos – muchas veces atroces- no creo en la pena de muerte. Mi padre (una de las personas, si no la más, sensata que conozco) una vez me dijo, cuando lo interrogué respecto de cómo, como abogado, podía defender a alguien que sabía era culpable, me respondió que los abogados no estaban (o no debieran estar) para sacar a los culpables de la cárcel, sino para garantizarles la justa pena que por sus crímenes o faltas se merezcan.

Pero también hay que entender el hartazgo de la población. Hace un mes mataron de un tiro a un compañero de patín cuando intentaron robarle el auto. Pibe trabajador, bueno, solidario. Y él no salió en las noticias. Nadie llamó a la familia, ni se interesó en su caso. Nos están matando como moscas, y nos piden obediencia, mientras parte de la población juega según sus reglas.

El ciudadano promedio se está hartando de quedar en desventaja por acatar la ley. Trabajás, pagás tus impuestos y cumplís con tus obligaciones cívicas y sociales. Y a cambio encontrás un Estado abusivo con doble discurso, sus impuestos desmedidos y sus tarifazos no tarifazos; te roba el ladrón en la calle y el productor monopólico con sus precios inflados y su ineficiencia productiva. Te roba el especulador, el punga en el tren y el súper con el vuelto. Te roban y no podés decir nada, porque ni siquiera Defensa del Consumidor te protege.

Una cosa no justifica la otra. Pero era de esperar que la mansedumbre del cordero se transformase en algún momento en violenta estampida.

Sole

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Complejos vs. Complicados

Si bien el diccionario nos ofrece estas dos palabras como sinónimos, cuando aplicadas a las personas creo que aceptan matices diferentes.

Creo la complejidad es la cualidad de tener muchos ítems, muchos elementos que se relacionan entre sí, generando intrincadas interacciones entre los mismos. Así, hay gente con muchas aristas, muchas facetas, muchas conexiones mentales. Para entenderlas uno tiene que tomar en cuenta diversos elementos y variables, e intentar unirlos de acuerdo a las premisas que la otra persona utiliza. Lleva mucho tiempo, pero eventualmente uno llega a saber (o al menos atisbar) cuáles son los procesos de pensamiento de esa persona; en fin, podés llegar a conocerlos, aunque sea un poco.  Creo la cabeza de este tipo de gente se vería así:

Por otro lado, alguien complicado no necesariamente se compone de muchos elementos, pero sí de interrelaciones complejas entre los mismos. O más que nada, de enredos. Una persona complicada es aquella que se hace un nudo con sus propios pensamientos y palabras, que se desdice de lo que ayer afirmó, que cambia constantemente de proceso (si es que tiene alguno). Rara vez podés llegar a conocerlos o anticiparlos, ya que las reglas del juego cambian permanentemente, muchas veces seguidas de posteriores justificaciones para esos cambios. La cabeza de estos sería algo así:

O tal vez esta diferenciación sólo sea una percepción propia, cuando me encuentro con gente a la cual no puedo encontrarle la lógica.

Sole

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Perdiendo terreno contra el sinsentido

Muchas veces me han dicho que soy inteligente, y cada vez más conforme pasan los años respondo que yo no soy inteligente… soy intelectual. La diferencia radica en que sé muchas cosas, puedo deducir otras tantas, podemos hablar horas de variados temas. Y sin embargo no soy inteligente. Nunca he aprendido a serlo, aunque juro intento todos los días.

Para mí la persona inteligente es aquella que toma los factores dados y de ellos hace lo mejor. Aquella persona que se mueve entre las piedras con la docilidad y contundencia del agua, que sabe elegir sus batallas y manejar a la gente, que sabe ser flexible (y más importante, cuándo serlo y cuándo no). Y de todas estas cosas, hay muchas que no lo soy.

Como un Quijote moderno sin caballo y sin Sancho, voy arremetiendo contra los molinos de viento, creyendo en mi fuero interno que si uno deja que las cosas sucedan, estás alimentando al sistema. Como dijo brillantemente Mahatma Gandhi “No me asusta la maldad de los malos, me aterroriza la indiferencia de los buenos”. Siento que cada cosa que dejo pasar, cada terreno que no defiendo, cada vez que hago la vista a un lado, estoy reforzando la idea de que hay que arremeter con todo, ya que a la gente o se la doblega o se la cansa. El problema es sentir que son más los resignados que los luchadores… y se me van agotando las fuerzas.

De a poco vamos perdiendo terreno contra el sinsentido, los abusos, las avivadas, la violencia en todas sus formas, el terror real o infundido. Llegamos al punto de tener que elegir el mal menor, independientemente de lo que corresponda o no.

Entonces será que tendremos que empezar a hacer simplemente lo que nos conviene, más allá de nuestras creencias?

Sole

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Aceptar al otro

Últimamente está muy en boga el tema de la transparencia, de la sinceridad, del “sé vos mismo”. La reivindicación de que sos único e irrepetible, de que está bien mostrarte tal cual sos (incluso de que es deseable).

Pero creo esto es sólo una mala campaña de marketing sin contenido que la sustente. Porque en cuanto tu “verdadero ser” asoma el hocico, sin demora ni piedad empiezan a llover las críticas y pedidos de cambio, a veces de forma más velada, otras crudamente sin más. Esto no implica que uno no deba recibir de mil amores las críticas constructivas. Pero una crítica constructiva plantea una opción, y en definitiva está en uno querer o poder llevarla a cabo.

Lo que la mayor parte de la gente hace es, más que sugerir, exigir… Es como si tuvieras una suerte de obligación de concordar, de adaptarte a ello. Incluso muchas veces vos acordás que está ok ese rumbo, pero simplemente a veces no es tan fácil cambiar. Y si el cambio no es inmediato y general, entonces es que no tomás las sugerencias en serio, o peor aún, no tenés en cuenta a la persona que la emite.

A la gente hay que aceptarla como es; no podemos pretender que cambien. Y si lo hacen, debe ser por decisión propia y en la dirección que elijan. Más allá de nuestros deseos, más allá de nuestras pretensiones.

Sole

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Pequeñas (grandes) diferencias

Me enviaron a trabajar a Brasil (más precisamente a San Pablo) por una semana. Es mi primer viaje a esta ciudad; como muchos argentinos, mi conocimiento de este país se limitaba a unas cuantas playas de arena blanca y aguas azules, más una breve visita hace ya muchísimos años a la ciudad de Porto Alegre (que dicho sea de paso tiene poco de puerto y nada de alegre). Intentando evitar las comparaciones, que son siempre odiosas, me permito hacer algunas observaciones de mis impresiones estos días. 

El panorama que me habían descripto no era muy alentador: ciudad de concreto y pocos árboles, de arquitectura funcional y poco estética, con mucho tránsito y aún más polución. Esta última es verdad; la contaminación ya se veía desde el aterrizaje del avión. El tránsito tranquilamente equiparable al de Buenos Aires; la estética dura de los años setenta se mezcla con zonas de edificios nuevos y espejados, grandes torres de departamentos y oficinas de lujo.

Lo que sí creo caracteriza más a Brasil es la coexistencia, en el mismo espacio físico, de los extremos del continuo económico-social. A diferencia de otras ciudades, donde la pobreza y la marginalidad tienden a ser expulsadas hacia las afueras, en San Pablo el rico convive lado al lado con el pobre. Detrás de un shopping que vende Gucci y Versace se ven chozas con techo de chapa, desparramadas en un terreno baldío. Autos de lujo y gente apretujada en el transporte público.

Acá hay pocos puntos medios: el que tiene, tiene mucho; el que no, casi no tiene nada. Y aun así flota en el aire una suerte de aceptación, de resignación al statu quo. No he percibido desprecio de los primeros, ni resentimiento en los segundos. Es casi como si se ignoraran mutuamente. Seguramente sea sólo una sensación, pero me dio la impresión que cada uno está en la suya, tratando de salir del pozo que le toca, sin andar viendo qué pasa con el del lado.  Lo cual creo es sano, ya que el amargarnos por no estar en la situación del otro no va a sacarnos de la propia.

Está bien que he estado por partes lindas de la ciudad (tanto el hotel como la oficina están en lo que para nosotros sería Palermo y Puerto Madero). Pero hasta ahora, como bien diría mi padre, “casa más, casa menos, igualito a mi Santiago”.

Sole

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La Denunciadora: OSDE

Hace un tiempo me romí un ligamento de la muñeca, que debía ser reparado mediante cirugía. Para la misma el traumatólogo pidió 2 arpones, por las dudas sean necesarios (cosa que iba a saberse una vez abrieran y vieran el estado en que estaba).

La peripecia empezó pronto: envié las órdenes para que me aprueben la cirugía, y a las dos horas me llama una operadora de OSDE, diciéndome que no podía operarme en el centro que mi médico había consignado. Le dije que OK, que me diga dónde más operaba la persona que me venía tratando, y la operadora me dice que no me puedo operar con él, que estaba en cartilla de consultorio pero no de cirugía (¿?). Le digo que por favor analice lo ilógico que sonaba poner a alguien para consulta, pero que no puede solucionarte el problema. La conversación escaló hasta el punto en que terminé diciendo que ellos hagan lo que les parezca, que yo haría lo propio. Al otro día me llega la autorización de la intervención por mail.

El lunes llamo para confirmar si la autorización era también por las prótesis, a lo que me responden que no, que eso lo estaba viendo el departamento de traumatología, que debía expedirse dentro de las 72 hs. Vencido el plazo vuelvo a comunicarme y me dicen que todavía no había resolución, y que ellos tenían la potestad de responder hasta 24 hs antes de la operación. Les explico que, siendo que uno tiene que abonar el 50% del valor en caso de que las prótesis sean importadas (este era el caso), ellos no pueden esperar hasta último momento, ya que las sumas a desembolsar no son menores, y no cualquiera tiene AR$ 5.000 de más en su cuenta a mediados de mes. Siguieron sin dar respuesta hasta una semana antes de la cirugía, y sólo porque la divina de la chica del quirófano del CTO de San Isidro intervino directamente con el auditor de OSDE.

Me operaron un viernes, y finalmente sólo usaron uno de los clavos; el lunes comenzaba entonces el tortuoso proceso de devolución del mismo y reintegro del importe abonado. Llamé a OSDE y me dijeron que tenía que presentar varios documentos expedidos por el médico que demostraran que no se usó el clavo (¿?), por qué, etc. Tuve que sacar turno con el médico para conseguir dichos papeles (acá se fueron 2 semanas). Llamo nuevamente a OSDE para preguntar a dónde envío los documentos, y me dicen que los mismos no eran necesarios, que ellos pedían el reintegro directamente a la ortopedia (Boludeo N° 1). Llamo a la semana y me dicen que no saben qué pasa, que ya deberían haberme acreditado el dinero, y que estaban realizando el correspondiente reclamo; que en 5 días hábiles debía tener el dinero en mi cuenta (Boludeo N° 2). Llamo a los 5 días y me dicen que en serio, era súper raro lo que estaba sucediendo, que hacían de nuevo la consulta (Boludeo N° 3).

Ayer me llaman, como si fuera la primera vez que tocábamos el tema, para avisarme que yo debía hacer el trámite de reintegro directamente con la ortopedia (Boludeo N° 4)… y ahí me recontra calenté. Le digo a la operadora: “Vos me estás cargando?? Hace un mes y medio que empecé con esto y desde ese entonces he recibido 4 instrucciones diferentes respecto del proceso, y ningún resultado. Hace un mes me vienen diciendo que esto lo resuelven ustedes, y ahora me dicen que lo tengo que hacer yo? Quiero el procedimiento por escrito, basta de idas y vueltas”. A lo que me responde que “ellos no pueden mandar nada por escrito, que todas las informaciones se dan por teléfono”. Claaaaaro, así no queda registro y te pelotudean de ida y vuelta cuantas veces quieren, sabiendo que los reclamos a la Superintendencia de Servicios de Salud y otros organismos de defensa son cansadores y requieren mucho tiempo, entonces la gente no hace los reclamos, y así las cosas siguen funcionando como lo hacen.

Voy a tomarme el tiempo. De alguna forma. Como dijo Martin Luther King “No me preocupa tanto la gente mala, sino el espantoso silencio de la gente buena”.

En muchas cosas, permitirlo es ser parte.

Sole

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La Denunciadora: GA.MA round #2

Recuerdan el tema del servicio técnico allá por Agosto? Bueno, no sólo se tomaron un mes… Ahora el plazo es “indefinido”. Cómo es esto? Llamé al service, vencido el mes para que reparen mi aparato. Me dijeron que la planchita debía ser reemplazada por GA.MA, pero dado que había falta de stock (gracias Lic. Moreno), la reposición de la misma quedaba en suspenso “por tiempo indefinido”. 

Claramente voy a pedir la restitución del dinero para comprarme otra cosa, ya que que me den una nueva planchita en 8 meses no me sirve.

Y si se niegan a hacerlo, iré a visitar a mis amables amigos de Defensa del Consumidor.

Bastante harta de que me metan el dedo en el culo…

Sole

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