Una forma diferente de comenzar el año- Parte 3: Las perlitas

Hay muchas imágenes que quedarán grabadas a fuego en mi retina. Ocasos fantásticos, montañas inmensas, ríos verde esmeralda, árboles, muchos árboles… El olor a tierra mojada que impregnaba mi nariz, la sensación de la lluvia al caer (la placentera y la no tanto), el ruido de la bici sobre el ripio (llevé música, pero no me enchufé los auriculares ni un sólo instante). Algunas merecen mención especial (tanto por lindas como por no tanto):

Almorzar el primer día a la vera del río, bajo un sauce gigante, tirados en la tierra, mientras veíamos a las truchas saltar buscando sus presas.

Llegar el segundo día al “camping” de Futaleufú… Y darnos cuenta que era el patio trasero de la casa de un matrimonio de viejitos!

Llegar el tercer día a Cara de Indio después de uno de los días más difíciles, totalmente empapados y jaspeados de barro (si necesitábamos minerales, ese día nos los comimos todos). Lo no tan bueno: no haber sido recibidos muy hospitalariamente por unos franceses que ocupaban un quincho y tener que irnos a la loma del c**o a acampar.

Mi quiebre físico/emocional del cuarto día. Veníamos pedaleando hace horas, todo en subida (a veces 5 km, 8km de subida continua). Ya al atardecer, cansada, sintiendo que no llegamos más, veo que el camino empieza a descender un poco  pienso “Menos mal, porque llego a ver otra subida y me largo a llorar”. Efectivamente había una subida enorme después de una curva. Muy tranquilamente pedaleé hasta donde pude, me bajé de la bici y me senté a la orilla del camino a llorar. Sí, sí, ya sé que no solucionaba nada, pero necesitaba descargarme.  Después de ese día entré en modo mental “Robocop” y ya me sentía imparable!

El quinto día nos tocó un larguísimo camino. Paramos a comer algo en el medio del diluvio que caía constante desde la mañana. Teníamos del día anterior unos panes y una manteca. A la manteca le sentíamos un gusto medio a roquefort, y pensamos que por ahí así era la manteca Chilena. Error. La manteca estaba en mal estado. A mí no me hizo nada, pero Juan no la pasó tan bien (de ahí la vuelta en bus desde Futaleufú).

Ese día en teoría íbamos a parar en las termas del Amarillo, pero después de hacer 5 km  en subida para llegar allá, una no muy amable señora nos informó que allí no había campamento, ni cabañas ni lugar donde quedarse. Cansados, mojados, nos pusimos a hablar con Nicolás (americano? europeo? claramente no chileno). Hablamos de política, economía, ecología, diferencias y similitudes entre Chile y Argentina. Le preguntamos dónde podíamos parar, y nos dijo que averiguáramos en las cabañas bajando el cerro. Al último nos dijo que como plan Z, si no conseguíamos nada, veía de alcanzarnos a Chaitén.

Bajamos, averiguamos en las cabañas (impagables!) y decidimos seguir. yo me adelantaba en el camino para recoger agua de los ríos que íbamos cruzando (mi mayor temor era que Juan se deshidrate). Empezaba a anochecer y aún faltaban 20 km…

Continuará!

Sol

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Acerca de Otra Rubia Tarada

Tengo veintitantos años (bueno, ahora ya entré en el terreno de los treinti...) y varias neurosis. Soy una inadaptada social que aún busca un lugar en este mundo, aunque estoy convencida que no lo tengo. Este viene a ser una versión 2.0 y pública de lo que alguna vez fue mi diario íntimo, en donde volcaré mis impresiones subjetivas del mundo y la gente que me rodea... Tal vez con la esperanza que alguien, algún día, entienda mi visión tan particular de nuestra existencia.
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