Pequeñas (grandes) diferencias

Me enviaron a trabajar a Brasil (más precisamente a San Pablo) por una semana. Es mi primer viaje a esta ciudad; como muchos argentinos, mi conocimiento de este país se limitaba a unas cuantas playas de arena blanca y aguas azules, más una breve visita hace ya muchísimos años a la ciudad de Porto Alegre (que dicho sea de paso tiene poco de puerto y nada de alegre). Intentando evitar las comparaciones, que son siempre odiosas, me permito hacer algunas observaciones de mis impresiones estos días. 

El panorama que me habían descripto no era muy alentador: ciudad de concreto y pocos árboles, de arquitectura funcional y poco estética, con mucho tránsito y aún más polución. Esta última es verdad; la contaminación ya se veía desde el aterrizaje del avión. El tránsito tranquilamente equiparable al de Buenos Aires; la estética dura de los años setenta se mezcla con zonas de edificios nuevos y espejados, grandes torres de departamentos y oficinas de lujo.

Lo que sí creo caracteriza más a Brasil es la coexistencia, en el mismo espacio físico, de los extremos del continuo económico-social. A diferencia de otras ciudades, donde la pobreza y la marginalidad tienden a ser expulsadas hacia las afueras, en San Pablo el rico convive lado al lado con el pobre. Detrás de un shopping que vende Gucci y Versace se ven chozas con techo de chapa, desparramadas en un terreno baldío. Autos de lujo y gente apretujada en el transporte público.

Acá hay pocos puntos medios: el que tiene, tiene mucho; el que no, casi no tiene nada. Y aun así flota en el aire una suerte de aceptación, de resignación al statu quo. No he percibido desprecio de los primeros, ni resentimiento en los segundos. Es casi como si se ignoraran mutuamente. Seguramente sea sólo una sensación, pero me dio la impresión que cada uno está en la suya, tratando de salir del pozo que le toca, sin andar viendo qué pasa con el del lado.  Lo cual creo es sano, ya que el amargarnos por no estar en la situación del otro no va a sacarnos de la propia.

Está bien que he estado por partes lindas de la ciudad (tanto el hotel como la oficina están en lo que para nosotros sería Palermo y Puerto Madero). Pero hasta ahora, como bien diría mi padre, “casa más, casa menos, igualito a mi Santiago”.

Sole

Acerca de Otra Rubia Tarada

Tengo veintitantos años (bueno, ahora ya entré en el terreno de los treinti...) y varias neurosis. Soy una inadaptada social que aún busca un lugar en este mundo, aunque estoy convencida que no lo tengo. Este viene a ser una versión 2.0 y pública de lo que alguna vez fue mi diario íntimo, en donde volcaré mis impresiones subjetivas del mundo y la gente que me rodea... Tal vez con la esperanza que alguien, algún día, entienda mi visión tan particular de nuestra existencia.
Esta entrada fue publicada en Pensamientos al viento y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Pequeñas (grandes) diferencias

  1. QUe lindo como lo escribiste, parabens!!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s