El fin de la inocencia

Acabo de tener una suerte de epifanía, un momento de claridad respecto de una idea. Creo haber comprendido por fin cuándo termina la inocencia, cuándo dejamos atrás ese estado básico de la niñez, para empezar a transitar lentamente el camino que nos lleva a ser adultos amargados (o simplemente amargados, no necesariamente adultos). El punto de quiebre que nos hace perder día a día la capacidad de ver la magia que nos rodea, de asombrarnos, de sorprendernos. 

La diferencia radica en la presunción básica a través de la cual se filtra todo lo que nos viene de afuera, y la cual se resume en cómo elegimos ver lo que pasa. Las decepciones, el dolor, las heridas, el tiempo, las malas experiencias, hacen que lentamente se vaya opacando el cristal a través del cual vemos la vida. De a poco empezamos, entre dos opciones, a elegir la más negativa, a sospechar intereses ocultos en cada esquina, a sentir que todo lo que los otros hacen es a propósito, que todo tiene una intención. Eso es, me parece, lo que marca la diferencia: si elegimos pensar que las cosas son como son por X motivo, o que son así para jodernos. Si alguien nos pisa, en vez de pensar que es torpeza o descuido, reaccionamos como si el otro lo hubiera hecho a propósito. Obvio que hay cosas que son intencionales, pero la gran mayoría no. Como alguna vez planteé, muchas veces lastimamos más por torpeza o negligencia, que por querer hacerlo.     

Pero si no podemos mantener, aunque sea sólo en nuestro círculo más íntimo, en nuestro fuero más interno, una pizca de esa inocencia, de ese pensar que la gente no actúa con siempre con maldad o interés, entonces realmente estamos perdidos.

Sol

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Acerca de Otra Rubia Tarada

Tengo veintitantos años (bueno, ahora ya entré en el terreno de los treinti...) y varias neurosis. Soy una inadaptada social que aún busca un lugar en este mundo, aunque estoy convencida que no lo tengo. Este viene a ser una versión 2.0 y pública de lo que alguna vez fue mi diario íntimo, en donde volcaré mis impresiones subjetivas del mundo y la gente que me rodea... Tal vez con la esperanza que alguien, algún día, entienda mi visión tan particular de nuestra existencia.
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