Estigmas

Siempre he sostenido que las batallas más duras son con uno mismo, contra los demonios internos que nos azotan y persiguen, que nos acorralan en nuestros propios laberintos mentales. Y no hay peor enemigo que uno mismo, ya que estamos con nosotros de forma ininterrumpida.

Quien lo ha intentado lo sabe: cambiar es la más ardua de las tareas. Modificar conductas, hábitos, reacciones es una tarea difícil y, muchas veces, frustrante. Se comienza de a poquito, con más fracasos que aciertos; de 10 reacciones/actitudes/acciones que se quieren cambiar, logramos modificar al principio sólo una o dos, para luego caer en los viejos patrones por las que restan. Pero con un poco de suerte, fuerza de voluntad y tozudez, ese número va creciendo, hasta superar la mayoría y, si tenemos éxito, convertirse en una respuesta automática (o sea, habremos logrado cambiar un hábito/conducta/actitud/respuesta que consideramos no valorable,  por uno más positivo, o al menos nuevo.

En todo este proceso hay que lidiar con la frustración que nos genera fallar (cuando automáticamente caemos en las respuestas que queremos evitar), con la desazón que a veces nos invade, con falta de fuerzas o simplemente con malos días. Hay que tomarse las cosas pasito a paso, con mucha paciencia, confiando en que algún día lo lograremos.

Y como si la cosa no fuera ya suficiente, tenemos otro factor que juega en contra de nuestra voluntad auto-transformadora: la estigmatización. Pocas cosas tan dolorosas y frustrantes como hacer un esfuerzo sobrehumano por cambiar algo, y que la respuesta que recibamos no sea la adecuada para nuestro mensaje, sino algo así como un mensaje pregrabado que correspondía a nuestro antiguo accionar. Entiendo que así como el cambio no puede ser inmediato, la reacción tampoco, pero hay gente que ni siquiera a lo largo del tiempo acusa recibo de los cambios. Como que se quedan con lo que había, sin molestarse en prestar atención a lo que está realmente pasando en este preciso instante. Entonces no importa cuánto uno cambie, cuánto uno se esfuerce, la situación con esa ente no cambia a lo largo del tiempo. Y eso atenta contra la consolidación del cambio (ya que, para qué hacer el esfuerzo si no tiene consecuencias?), y os hace sentir estancados, atados a nuestros errores pasados sin posibilidad de redención.

Y a veces pienso que, como las mariposas, cuando uno está al borde de grandes transformaciones, un cambio en el ambiente en el que uno se maneja es cas necesario. Para poder ensayar nuestro nuevo yo desde cero, sin cicatrices ni estigmas, sin facturas viejas ni reproches amohosados.

Será que los cambios deben expandirse y derramarse desde dentro hacia afuera como una copa rebalsada.

Sol

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Acerca de Otra Rubia Tarada

Tengo veintitantos años (bueno, ahora ya entré en el terreno de los treinti...) y varias neurosis. Soy una inadaptada social que aún busca un lugar en este mundo, aunque estoy convencida que no lo tengo. Este viene a ser una versión 2.0 y pública de lo que alguna vez fue mi diario íntimo, en donde volcaré mis impresiones subjetivas del mundo y la gente que me rodea... Tal vez con la esperanza que alguien, algún día, entienda mi visión tan particular de nuestra existencia.
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