Volviendo de mis vacaciones

Finalmente la semana pasada pude tomarme, después de casi un año de trabajo ininterrumpido, mi tan ansiada semana de vacaciones de invierno, destinada desde el año pasado a hacer snowboard (una de esas cosas que probás y no dejás más).Hacía meses que tachaba días en el calendario esperando el 1 de Septiembre, como un náufrago ve acercarse el barco que lo rescatará. Y como siempre, la vida te sorprende… por qué? Porque mis expectativas se cumplieron… pero de a parters y un poco cruzadas.

En primera instancia, lo deportivo/físico: lo más satisfactorio del viaje. Poder ganar confianza, y con ello mejor técnica, hizo que cada vez que bajaba disfrutara más lo que estaba haciendo, ya que cada vuelta tenía que pensar menos lo que debía hacer, y comenzaba a sentirlo más, a hacerlo más intuitivamente, a relajarme y dejarlo fluir (como verán, siempre estoy en la búsqueda de los mismos conceptos en sus diferentes manifestaciones).   Muy, muy contenta con mis pequeños pero firmes progresos, a mi ritmo, experimentando, probando, disfrutando. Creo que tuve un salto cualitativo importante que determinará un punto de quiebre en mi próxima temporada!.

En segunda instancia, lo humano: esta fue una de las cosas que por ahí le había puesto muchas fichas, y que no salió como pensaba, pero que terminó siendo mejor por otra vía. Al armar las cabañas me pusieron en un grupo requeche (esos rejuntes de “todos los que no sabemos donde poner”). Al principio me jodió ya que una de las personas que armaba las cabañas es de mi grupo habitual, y que me haya puesto separada no me agradó mucho. Mi cabaña se componía de un “raro” con el que siempre me he llevado bien y nos cagamos de risa, una chica que siempre me pareció piílla, y otra chica que había conocido un par de semanas antes de viajar y la verdad al conocerla me había caído bastante mal. Y sin embargo, siendo todos extraños y muy disímiles entre nosotros, reinó la armonía y el compañerismo desde el momento uno. Y fue una muy buena oportunidad de acercarme a una personita fantástica como Brenda, a conocer mejor a Lore y borrar la primera impresión negativa que tuve de ella, y a maltratar una vez más a Pato (que a él le encanta, jajajaj). Y fue todo muy orgánico y natural y estuvo buenísimo.

Y por último la instancia interior: venía muy estresada, pasada de vuelta, irritable y con poco margen. Y pensaba que era el cansancio, el stress, y que todo se iría una vez me tome mi break (como sucedió el año pasado). Y acá otra vez las cosas no sucedieron como esperado. Me relajé mentalmente, pero no quedé sedada… También en la montaña hay desconsiderados y maleducados, y me provocaban la misma reacción de rechazo que acá en la ciudad. Estaba buscando anestesia, y encontré más energía. Y de pronto me di cuenta que lo que me sucede no es stress, es simple saturación ante un sistema de valores y educación que va en violenta picada, es cansancio de la agresión, del maltrato, de la desconsideración, del atropello, del egoísmo. Es la necesidad de cambio y revolución, de lucha. Volví con energías renovadas para ver la forma de poder lidiar con lo externo sin tener que aceptarlo mansamente, para generar cambios positivos sin morir en el intento. Y volví con la decisión de volver a terapia (y ahora a encarar la ardua tarea de encontrar un terapeuta que me guste). Aunque ya sé muchas de las respuestas (y muchas veces las evado no tan inconscientemente) necesito el cachetazo psicológico que implica que alguien ponga sobre el paño las cosas a las que vos le estás dando vueltas hace rato.

Este viaje fue, una vez más, la comprobación de que las cosas son como deben ser, y que por algo se dan así, a pesar de que no sean como queremos.

Sole

Acerca de Otra Rubia Tarada

Tengo veintitantos años (bueno, ahora ya entré en el terreno de los treinti...) y varias neurosis. Soy una inadaptada social que aún busca un lugar en este mundo, aunque estoy convencida que no lo tengo. Este viene a ser una versión 2.0 y pública de lo que alguna vez fue mi diario íntimo, en donde volcaré mis impresiones subjetivas del mundo y la gente que me rodea... Tal vez con la esperanza que alguien, algún día, entienda mi visión tan particular de nuestra existencia.
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