Llega un punto…

Todos hemos tenido (y tenemos) nuestros problemas; no creo que haya nadie que haya tenido la infancia perfecta, una adolescencia tranquila (o como diría Stephen King: “I hated school. I don’t trust anybody who looks back on the years from 14 to 18 with any enjoyment. If you liked to be a teenager, there’s something really wrong with you”). La adultez, si bien con más aceptación, tampoco es un camino liso y sin inconvenientes. Es más bien una montaña rusa emocional, una lucha constante en busca del equilibrio entre las dos manifestaciones de casi cualquier cosa.

No creo que haya hitos que puedan determinar qué deja cicatrices y qué no: conozco gente que ha sufrido por falta de dinero, y otros por exceso, gente que no ha tenido nada y ha salido más cuerda que aquellos que tenían más, y viceversa. Cada uno procesa y lidia con el mundo, no siempre como quisiéramos, sino más bien como podemos. Cada momento es un punto único en el continuo espacio-tiempo, que hace que cada acción y toma de decisión sea única.

Lo único de lo que estoy convencida es que llega un punto en tu vida en que tenés que decidir. Decidir ser víctima de las circunstancias, o intentar sacar de lo que te toca vivir lo mejor que se pueda. Tomar las riendas de tu porvenir, en vez de seguir explicando qué circunstancias te trajeron a tu presente (y seguir diciéndote a vos mismo que sos así y asá por esto y aquello, y que por ello no vas a cambiar). Podemos elegir que nuestros pasado nos encierre en estereotipos o que las cicatrices nos limiten, o elegir superar esa instancia, arrojar el pasado a donde pertenece (atrás) y barajar de nuevo… no siempre con las cartas que queremos, sino muchas veces con las que nos tocan en ese momento. Pero tenemos la oportunidad. La decisión siempre está en nuestras manos, así sea elegir entre algo malo y algo peor; aún así es una decisión. Salir de la zona de confort, sacarse las etiquetas y romper el molde; o elegir lo vivido como excusa para seguir en el punto donde nos encontramos.

Todos tenemos fantasmas, cicatrices y traumas. Creo la diferencia está en tomarse el (arduo) trabajo y estar dispuesto a pagar el (alto) precio de ser uno mismo, y de estar dispuesto a luchar por lo que uno quiere y sueña, a pesar de lo vivido, en contra de todos los pronósticos, o tal vez gracias a todo ello.

La valentía creo es intentar ser lo más que se pueda uno mismo, en un mundo que busca estandarizarnos a todos.

Sole

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Acerca de Otra Rubia Tarada

Tengo veintitantos años (bueno, ahora ya entré en el terreno de los treinti...) y varias neurosis. Soy una inadaptada social que aún busca un lugar en este mundo, aunque estoy convencida que no lo tengo. Este viene a ser una versión 2.0 y pública de lo que alguna vez fue mi diario íntimo, en donde volcaré mis impresiones subjetivas del mundo y la gente que me rodea... Tal vez con la esperanza que alguien, algún día, entienda mi visión tan particular de nuestra existencia.
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