El Gobierno financiero

Nuestro Gobierno es, básicamente, un timbero financiero (como esos “fondos buitres” que tanto ha criticado), y al respecto hay varios ejemplos (de los cuales citaré un par a modo de ejemplo). La Ley 23.457 estableció derechos de exportación para los productos y subproductos agrícolas con tasas que van desde el 20% (en el caso de cereales) al 35% (poroto de soja y derivados, entre otros). El aceite de soja tributa 32%- lo cual traducido implica que el exportador debe pagar 32% del precio índice (precio que el Estado determina que una mercadería debería valer a una fecha determinada) por cada operación de venta al exterior que haga. En números: si X va a exportar 1.000 toneladas de aceite crudo de soja, y registró la Declaración Jurada de Venta al Exterior (DJVE) ayer, el precio índice aplicable es USD 1.200; ergo, dentro de los 5 días hábiles X tendrá que pagarle al fisco USD 384.000. Multipliquen esto por los millones de toneladas anuales exportadas, en cada tipo de producto (maíz, sorgo, trigo, harina, pellets, aceite, etc). Para que se den una idea, en promedio por muelle por día, en épocas de cosecha, se carga un barco de productos secos (cereales y subproductos), con una carga promedio de 25.000 toneladas. Los derechos de exportación promedio pagados por cada barco son entre USD 1.500.000 y USD 3.000.000 aprox. Sí, sí… no pueden imaginarse las cifras que se manejan.

Ahora, con los derechos de exportación pasa un poco como con el tema de la tarjeta SUBE: pague y luego utilice el servicio. Esto es, hoy vendo X mercadería para ser embarcada en octubre, y la declaro hoy al precio índice de la fecha, y en un plazo máximo de 5 días hábiles debo pagar el 90% del ROE (Registro de Operaciones de Exportación) declarado. En números, si hoy vendo 10.000 toneladas de harina a USD 579/MT (precio índice de hoy), debo pagarle al Estado USD 1.667.520. Es decir, estos fondos quedan inmovilizados (con la consiguiente pérdida de interés, y la necesidad de conseguir financiamiento más caro) hasta que en octubre la mercadería se embarque y se cobre.

Por otro lado esto también implica una pérdida de competitividad del 32% en el precio de venta, ya que hoy la carga tributaria (y la financiera que conlleva) deben considerarse parte de los costo de exportación. Y lo peor es que en última instancia, este precio lo termina pagando el productor (y créanme, hay muchos pequeños productores y chacareros en el país). Sumémosle a esto los costos de transporte extras incurridos por estar lejos de los centros de consumos de los productos exportados, más ciertas ineficiencias estructurales de las instalaciones argentinas, etc. Seguimos participando en el mercado internacional por ventajas netamente comparativas, pues las competitivas más que desarrollarlas, las ahogamos.

Como tantas cosas en este país, lo malo no es la idea sino la forma de implementación. Porque es válido el impuesto a las exportaciones como forma de redistribución de la riqueza… si esto fuera lo que se hace con esos ingresos. Aparte, hay formas más positivas que un impuesto retractor de la producción para distribuir y generar riqueza en una economía. Pero acá en Argentina tenemos cierta costumbre de nivelar para abajo. Y en vez de invertir los ingresos en actividades productivas, en nuevas fuentes de trabajo, en aumentar la competitividad de nuestras industrias, pagamos millones en subsidios improductivos (pero populares y que compran votos) como Fútbol para Todos, TC para Todos, Plan Trabajar*, y otras tantas chorradas que salen de desangrar al trabajador y a las industrias que nos mantienen mal que mal a flote.

Subyugar económicamente a un pueblo también debería considerarse crimen de lesa humanidad.

Sole

*Cabe aclarar que como plan de emergencia era necesario, pero cuando este tipo de subsidios se instala de forma permanente, daña la salud fiscal del Estado, y atenta en el largo plazo contra la cultura del trabajo, y la dignidad de la gente. En vez de subsidiar, deben crearse más puestos de trabajo y mejorar las condiciones laborales, apoyar los microemprendimientos y reeducar a la población.

Acerca de Otra Rubia Tarada

Tengo veintitantos años (bueno, ahora ya entré en el terreno de los treinti...) y varias neurosis. Soy una inadaptada social que aún busca un lugar en este mundo, aunque estoy convencida que no lo tengo. Este viene a ser una versión 2.0 y pública de lo que alguna vez fue mi diario íntimo, en donde volcaré mis impresiones subjetivas del mundo y la gente que me rodea... Tal vez con la esperanza que alguien, algún día, entienda mi visión tan particular de nuestra existencia.
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