La comunicación como ficción

Hablando con varios amigos (entre ellos una psicóloga) llegamos a una conclusión que es, cuando menos, fuerte: la comunicación entre los seres humanos no pasa de ser una mera ficción, una farsa.  En realidad la comunicación como mutuo entendimiento es un imposible por varios motivos.

El más relevante (creo) está en los sujetos: aquella caja negra llena de emociones, directivas, prejuicios, preceptos, datos, información, parámetros e instrucciones inconscientes que hacen no sólo que nunca terminemos de conocer al otro, sino que muchas veces ni siquiera nos terminemos de conocer a nosotros mismos, con lo cual, pretender que el otro nos conozca, sepa cómo pensamos, cómo nos sentimos, y los procesos que nos rigen es, cuando menos, una utopía (y ni hablar si cuando estamos intentando entender cómo piensa y siente el otro no recibimos ningún tipo de feedback, ajuste o comentario). En este sentido, yo emito un mensaje cargado de significados y significantes directamente asociados a mi ser íntegro, mientras que el otro decodificará dicho mensaje de acuerdo a su forma de ser, experiencias, credos, etc. con lo cual ya tenemos las primeras (y más importantes) barreras: los “filtros” personales de cada interlocutor, que van a determinar que lo que yo diga no será interpretado con el mismo significado que quise darle (en resumidas cuentas: en otro entenderá una cosa diferente de la que digo).  

Por ejemplo: yo te digo “hogar” pensando en un lugar seguro con mi familia (porque tuve una buena infancia, etc.) y tal vez el otro lo interpreta como un concepto que encierra inestabilidad y peligro (porque vino de una familia violenta, por ejemplo). Y ahí ya se cortó la comunicación, estamos hablando de dos conceptos totalmente diferentes, de cosas distintas. Y cuando ya las palabras per se, siendo las mismas, significan diferentes cosas para cada uno, es entonces donde cualquier intento de entendimiento es un ejercicio largo (y bastante agotador).

En este contexto, creo que lo mejor a lo que podemos apuntar es a arrimar el bochín (nuestro concepto, nuestra idea, lo que queremos expresar) al del otro (lo que está entendiendo de nuestro mensaje) lo suficiente como para llegar a pensar que nos estamos “poniendo de acuerdo”, que nos estamos entendiendo, que llegamos a un concepto común. Es un ejercicio que implica mucho diálogo, apertura mental y feedback (sin lo cual el abismo entre emisión y entendimiento nunca será cerrado).

Creo que en los tópicos que consideramos valen la pena, con la gente que vale la pena, esta tarea de arrime debe ser encarada.

Aún así, es desolador darse cuenta que, como dijo Cortázar, hablando del contacto entre personas: “(los contactos) eran contactos de ramas y hojas que se entrecruzan y acarician de árbol a árbol, mientras los troncos alzan desdeñosos sus paralelas inconciliables “.

 Sole

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Acerca de Otra Rubia Tarada

Tengo veintitantos años (bueno, ahora ya entré en el terreno de los treinti...) y varias neurosis. Soy una inadaptada social que aún busca un lugar en este mundo, aunque estoy convencida que no lo tengo. Este viene a ser una versión 2.0 y pública de lo que alguna vez fue mi diario íntimo, en donde volcaré mis impresiones subjetivas del mundo y la gente que me rodea... Tal vez con la esperanza que alguien, algún día, entienda mi visión tan particular de nuestra existencia.
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