Volviendo…

Qué terrible lo escurridizo que es el tiempo… Apenas dos parpadeos y entre una cosa y otra no escribo por más de un mes. Ausencia provocada por exceso de trabajo, falta de tiempo físico, y esa cuestión de que, pasito a paso, cuando nos descuidamos dejamos de a poquito de hacer cosas que no deberíamos nunca dejar.

Acabo de volver de una pequeña escapada a… bueno, a decir verdad, al medio de la nada. Me fui en un viaje relámpago al Salar de Uyuni en Bolivia, donde los factores predominantes son las piedras, el paisaje agreste y un silencio ensordecedor. Y me sirvió horrores… descansé la cabeza, relajé el cuerpo (aunque fue bastante exigido a nivel físico), y como siempre, bajé cuarenta cambios.

Hacía mucho que no viajaba sola (de hecho, es lo más lejos que me he ido sin compañía alguna), y definitivamente es una experiencia que quisiera repetir. No sólo porque uno es dueño de sus tiempos, sino porque abre la puerta a que te relaciones con completos desconocidos (porque la verdad no te quedan muchas más opciones)… Y la verdad ése es uno de los principales atractivos de viajar: conocer gente completamente ajena a nuestra realidad, que te enriquece aportándote nuevos y diferentes puntos de vista y opiniones respecto del mundo. Tuve la suerte que me tocaran formidables compañeros de excursión, incluyendo el chofer del jeep!. Por si les interesa, contacten a Tupiza Tours, y si pueden viajes con Rubén.

Más allá de todo esto, me doy cuenta cuán necesario es tomar distancia, alejarse de la rutina y lo cotidiano, tomar aire, cambiar de entorno. Cómo la distancia te acomoda las ideas en  la cabeza, y la lejanía empequeñece lo que ordinariamente nos parece enorme, al darle a las cuestiones que nos ahogan cierta perspectiva.

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Amo viajar, ya que para mí es meditación en movimiento. Es abrir los cinco sentidos, darse cuenta en la distancia de todo aquello que no necesitás, es volver a las bases de uno mismo. Es reencontrarse hacia adentro, es reconocerse en los ojos de un completo desconocido, es apreciar la vida que late a tu alrededor, y que a veces olvidamos lo bella que es, atropellados por la fruición cotidiana. Es superar el miedo a lo desconocido, la desidia, la dejadez y la comodidad, a cambio de paisajes que llenan los ojos y conversaciones que enriquecen el alma.

Porque sigo opinando que con sus defectos, cicatrices y escollos, éste es un hermoso mundo, y la vida una aventura que merece la pena ser vivida.

Y una de tantas ironías… hay que irse para volver, y muchas veces es necesario perdernos para podernos encontrar.

Sole

 

 

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Acerca de Otra Rubia Tarada

Tengo veintitantos años (bueno, ahora ya entré en el terreno de los treinti...) y varias neurosis. Soy una inadaptada social que aún busca un lugar en este mundo, aunque estoy convencida que no lo tengo. Este viene a ser una versión 2.0 y pública de lo que alguna vez fue mi diario íntimo, en donde volcaré mis impresiones subjetivas del mundo y la gente que me rodea... Tal vez con la esperanza que alguien, algún día, entienda mi visión tan particular de nuestra existencia.
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