Hoy todos somos River

No sigo los campeonatos de fútbol, ni entiendo mucho del deporte (salvo en un momento de mi vida en que me puse a aprender las reglas, incluyendo la formación de algún que otro equipo, para acompañar a un ex novio). Empezando porque no me gusta ver deportes sino practicarlos, y siguiendo porque de todos los deportes televisados, es uno de los que menos me llaman la atención.

Por otra parte, no entiendo el fanatismo en ningún nivel, entre ellos el deportivo. No entra dentro de mi campo de comprensión que la gente pueda matar, agarrarse a trompadas u odiar por alentar diferentes equipos. Y me parece un espanto que, porque un club de fútbol perdió un partido (independientemente de la importancia de éste) haya más de 50 heridos, autos incendiados, que los propios hinchas destrocen su estadio, y que a los jugadores y familiares sus deban ponerle custodia policial.

Pero a pesar de todo lo mencionado, ayer estuve al borde del asiento durante 90 minutos. No tanto por el partido per se, sino por todas las circunstancias que lo rodeaban. Escuchar al relator llorando los últimos 10 minutos, descargando su bronca en vez de comentar el partido, hizo que se me ponga la piel de gallina, no sólo por la pasión y emoción que demostraba el tipo, sino por lo que decía, por la historia que contaba. Es verdad, ni siquiera yo pensé nunca que iba a ver alguna vez a River en la B. Porque es (o era) uno de los grandes, una institución, un ejemplo a seguir. Porque era uno de los clubes que marcaban el paso, porque siempre estaba en la cima.

Pero eso pertenece a un pasado lejano. Por lo que me comentaban diferentes personas (mucho más entendidas que yo en el tema) River ha sido sistemáticamente saqueado durante los últimos tres años. Las últimas dirigencias, una más corrupta que otra, fueron vendiendo los jugadores más valiosos, desinvirtiendo año a año e hipotecando el futuro, cobrando grandes sumas por adelantado en publicidad y esponsoreo, que hoy hay que devolver con fondos inexistentes. Unos pocos llevaron al borde de la quiebra al club de muchos; unas pocas personas con poder jodieron a los millones de hinchas que aman y siguen a su club con cuerpo y alma, que aportan su cuota, que están y que son, en definitiva, quienes hacen grande al club.

Y lo más triste, lo más espantoso, es el horroroso paralelismo con la realidad de nuestro país. Cómo unos pocos se roban el bienestar y el futuro del resto, cómo nos meten la mano en el bolsillo, cómo salen impunes los que la pasan bomba a costillas del resto. El fútbol es la pasión argentina, y un fiel reflejo de nuestra sociedad.

Hoy todos, de alguna u otra forma, somos River. Ojalá algún día como sociedad sintamos la misma pasión por nuestra patria como por un club de fútbol, y la defendamos con tanto ahínco (pero sin la violencia, por favor). Ojalá algún día despertemos, y aprendamos del pasado para movernos hacia el futuro.

Sole

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Acerca de Otra Rubia Tarada

Tengo veintitantos años (bueno, ahora ya entré en el terreno de los treinti...) y varias neurosis. Soy una inadaptada social que aún busca un lugar en este mundo, aunque estoy convencida que no lo tengo. Este viene a ser una versión 2.0 y pública de lo que alguna vez fue mi diario íntimo, en donde volcaré mis impresiones subjetivas del mundo y la gente que me rodea... Tal vez con la esperanza que alguien, algún día, entienda mi visión tan particular de nuestra existencia.
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