“Shhh… no lo digas que le das entidad”

Hace unos días que vengo arreando ciertos pensamientos que corren por mi cabeza, en el sentido que los dejo que correteen por ahí, que se formen, se desintegren, cambien, transmuten y vuelvan a la base. Dejo que crezcan, que se achiquen, que hagan lo que quieran. Cualquier cosa menos tomar el ascensor a mi lengua. Pongo una barrera entre mis ideas y mis palabras, para evitar que estas últimas transformen la realidad. Porque son así de poderosas las palabras: pueden destruir y construir, herir y sanar, alejar o acercar. Y pueden cambiar la realidad, o como últimamente digo, tienen la capacidad de darle entidad a las cosas.

Cuando uno nombra algo, hay una sutil alquimia por la cual el objeto mencionado adquiere más realidad, más cuerpo, como si de alguna forma se materializara; esto es particularmente cierto respecto de intangibles como ideas o sentimientos. Una vez que uno pronuncia algo en voz alta, esa aceptación de la existencia de lo nombrado ya no puede ser retractada. Como dice el proverbio, hay tres cosas que no vuelven: la flecha arrojada, la oportunidad desperdiciada y la palabra dicha. Una vez que lo dijimos ya está, no hay vuelta atrás. Creo tiene mucho que ver con el hecho que cuando uno pronuncia algo en voz alta (generalmente para compartirlo con otra persona) estamos dando fe de su existencia; estamos validando ante los otros la realidad de lo nombrado, declarando que creemos que existe, que para nosotros es real. Y así lo materializamos respecto de nuestra realidad.

La palabra supone un compromiso con los demás, implica una asunción de responsabilidad, el hacerse cargo de lo que estamos expresando, y ello implica que posteriormente deberemos actuar en consecuencia… Nunca tan cierto aquello de que uno es amo de sus silencios y esclavo de sus palabras.

Intentaré ser libre el mayor tiempo posible, hasta que el peso de tantas cosas no dichas termine por romper el dique que las mantiene cautivas, y mi sincericidio las libere.

Sole

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Acerca de Otra Rubia Tarada

Tengo veintitantos años (bueno, ahora ya entré en el terreno de los treinti...) y varias neurosis. Soy una inadaptada social que aún busca un lugar en este mundo, aunque estoy convencida que no lo tengo. Este viene a ser una versión 2.0 y pública de lo que alguna vez fue mi diario íntimo, en donde volcaré mis impresiones subjetivas del mundo y la gente que me rodea... Tal vez con la esperanza que alguien, algún día, entienda mi visión tan particular de nuestra existencia.
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3 respuestas a “Shhh… no lo digas que le das entidad”

  1. Ricardo dijo:

    Decir o no decir no va a hacer que las cosas existan o no.
    Las cosas existen o no y tu voz ni tu mente le dar mas o menos existencia.

    Negar su existencia, o hacerla dudosa a sabiendas de la realidad es, como minimo, un comportamiento psicopatológico.

    Deja las cosas ser, hacer y existir y no por que vos lo digas. si no la realidad te dará, una vez mas, una fria cachetada.

    • Hola Ricardo! gracias por leer este blog y participar!
      Estoy de acuerdo contigo: la realidad no cambia de acuerdo a nuestros deseos… lo que sí cambia con cada sujeto es la percepción de la realidad. Y sí, mientras más leales seamos en nuestra percepción a la realidad de las cosas, tanto mejor se ajustará nuestro comportamiento a las mismas. Creo cada uno la percibe como mejor puede… algunos la ven de otra forma para poder manejarla, otros la niegan, otros intentamos lidiar con ella.
      Cuando quise decir que expresar verbalmente da entidad a ciertas cosas, hablo de que uno toma compromiso de ello ante los demás, por lo que lo que uno dice se hace más “tangible”. En leyes hay tipificado, de hecho, una forma de expresión verbal que cambia la realidad: por ejemplo cuando uno dice “Sí, quiero” en un casamiento civil, esa expresión verbal cambia la realidad, cambia el estado civil de la persona que habla.
      En mi humilde opinión hay frases, palabras, que cambian de manera rotunda la relación entre dos personas, por lo que suelo usarlas con demasiado cuidado… de hecho generalmente me las guardo hasta que no aguanto más, hasta que su fuerza hace que salten de mi pecho. Hay palabras que una vez dichas marcan un punto de inflexión entre dos personas, porque de una u otra forma generan el compromiso de actuar en consecuencia.

  2. alberto madero dijo:

    A veces el silencio, es una buena respuesta, ser prudente, es también echar manto de piedad y olvido y ambos, implican aceptar el otro no como es, sino por lo que es, un congénere, de allí a compartir con el…

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