Porque no está muerto quien pelea…

Volveré recargada con la ira y acidez acumuladas en todo este tiempo de no escribir…

Como siempre, pasaron toneladas de cosas, que iremos desgranando de a poco… Y retomaré mi catarsis virtual, porque lo que se queda adentro o se pudre o explota.

A los que ya vinieron, gracias por volver. A los nuevos, bienvenidos…

2018, bring it on…

Sol

 

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Una forma diferente de comenzar el año- Parte 3: Las perlitas Bis

Comenzaba a anochecer. Ya el camino era ruta, y bastante plano, pero el viento en contra no facilitaba el trabajo. Empezamos a notar mucho tráfico de camiones, y eso tampoco estaba bueno.

Paro para esperarlo a Juan, y de pronto veo a lo lejos las pequeñas luces de una van Mitsubishi. De alguna forma supe que era Nicolás al rescate! Efectivamente, era él, y apenas me pasa pone las balizas y se detiene en la banquina. Llovía copiosamente de nuevo. Me pregunta qué quiero hacer. Le digo que por favor se lo lleve a Juan (ya lo notaba medio deshidratado y me preocupaba). Ya todos reunidos (incluyendo los 3 pasajeros de Nicolás que habían ido a pasar el día a las termas) le digo a Juan que se suba y él me dice que no me deja sola ni loco (awww <3). Así que comenzamos la trabajosa faena de desarmar todo (alforjas, parrillas, rueda de bici) para que entre todo en la camionetita. El chiste nos llevó poco más de 20 minutos.

Cuando subo a la van lo primero que hago es pedirle perdón al resto de los pasajeros. Suerte la nuestra! dos de ellos eran una pareja que había hecho ese mismo recorrido el año pasado (con similares circunstancias de agua, etc) así que gustosamente nos auxiliaron. La otra era una simpática chilena que no tenía mucho drama de nada.

Después de casi una hora de andar (si hubiéramos pedaleado… a qué hora hubiésemos llegado???) llegamos a Chaitén. Nos refugiamos inmediatamente en el Hostel de Rita (donde se alojaba la pareja). Vaciamos el contenido de las alforjas, con la esperanza de que algo se seque en algún momento. Ese día estábamos agotados. Nos pegamos una ducha, comimos unos fideos a las 19 hs y nos fuimos a dormir.

Amanecimos al día siguiente (31/12) cerca del mediodía. Claramente precisábamos el descanso. Salimos a recorrer Chaitén: un pueblo castigado por la erupción del volcán homónimo que en 2009 enterró al pueblo en ceniza. A la tarde hablamos con la dueña del hostel, Rita, y le preguntamos qué se podía hacer a la noche. Amablemente nos invitó a compartir un cordero asado con ella y sus amigos. Fuimos a muñirnos de suficiente vino para pasar una velada que se vislumbraba interesante. Y vaya si lo fue.

Tuvimos la suerte de pasar un Año Nuevo diferente, rodeados de gente interesante: Rita, luchadora de Chaitén y emblema del pueblo (fue una de las que encabezó la “rebelión” para que no declaren al pueblo muerto, resistiendo incluso estados de sitio por parte de los Carabineros- detrás de toda esta acción gubernamental se escondían oscuros intereses mineros para la región). Claudia, otra luchadora, periodista que vivía en Santiago y luego se mudó a Chaitén, sobreviviente de la dictadura pinochetista. Francisco, alias Pancho, pareja de Claudia; un ecologista con conocimiento de causa, activista de varias empresas humanitarias y ambientales. Ariel, turista de Santiago (el chico de la pareja); un todoterreno similar a nosotros: escalaba, andaba en bici, hacía trekking, etc. Fue fantástica tan dispar combinación, pero a la vez alentadora. Todos bregaban por un fin común (el bienestar de Chaitén y la región patagónica). Y ahí los tenías, en la misma mesa, cenando alguien de derecha (Rita) con una zurda consumada (Claudia); un ecologista (Pancho) con un trabajador de la industria minera (Ariel). Y sin embargo esa noche reinaba la armonía en nuestras discusiones políticas y filosóficas , que se extendieron hasta pasadas las 5 de la mañana, porque no faltaba aquello que hoy tanto escasea: respeto.

Fue un viaje maravilloso, lleno de paisajes increíbles, gente interesantísima (y otras no tanto), experiencias riquísimas, autoconocimiento y autosuperación.

Definitivamente recomendaría que hagan un viaje en bicicleta! Seguramente yo repetiré la experiencia.

Sol

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Una forma diferente de comenzar el año- Parte 3: Las perlitas

Hay muchas imágenes que quedarán grabadas a fuego en mi retina. Ocasos fantásticos, montañas inmensas, ríos verde esmeralda, árboles, muchos árboles… El olor a tierra mojada que impregnaba mi nariz, la sensación de la lluvia al caer (la placentera y la no tanto), el ruido de la bici sobre el ripio (llevé música, pero no me enchufé los auriculares ni un sólo instante). Algunas merecen mención especial (tanto por lindas como por no tanto):

Almorzar el primer día a la vera del río, bajo un sauce gigante, tirados en la tierra, mientras veíamos a las truchas saltar buscando sus presas.

Llegar el segundo día al “camping” de Futaleufú… Y darnos cuenta que era el patio trasero de la casa de un matrimonio de viejitos!

Llegar el tercer día a Cara de Indio después de uno de los días más difíciles, totalmente empapados y jaspeados de barro (si necesitábamos minerales, ese día nos los comimos todos). Lo no tan bueno: no haber sido recibidos muy hospitalariamente por unos franceses que ocupaban un quincho y tener que irnos a la loma del c**o a acampar.

Mi quiebre físico/emocional del cuarto día. Veníamos pedaleando hace horas, todo en subida (a veces 5 km, 8km de subida continua). Ya al atardecer, cansada, sintiendo que no llegamos más, veo que el camino empieza a descender un poco  pienso “Menos mal, porque llego a ver otra subida y me largo a llorar”. Efectivamente había una subida enorme después de una curva. Muy tranquilamente pedaleé hasta donde pude, me bajé de la bici y me senté a la orilla del camino a llorar. Sí, sí, ya sé que no solucionaba nada, pero necesitaba descargarme.  Después de ese día entré en modo mental “Robocop” y ya me sentía imparable!

El quinto día nos tocó un larguísimo camino. Paramos a comer algo en el medio del diluvio que caía constante desde la mañana. Teníamos del día anterior unos panes y una manteca. A la manteca le sentíamos un gusto medio a roquefort, y pensamos que por ahí así era la manteca Chilena. Error. La manteca estaba en mal estado. A mí no me hizo nada, pero Juan no la pasó tan bien (de ahí la vuelta en bus desde Futaleufú).

Ese día en teoría íbamos a parar en las termas del Amarillo, pero después de hacer 5 km  en subida para llegar allá, una no muy amable señora nos informó que allí no había campamento, ni cabañas ni lugar donde quedarse. Cansados, mojados, nos pusimos a hablar con Nicolás (americano? europeo? claramente no chileno). Hablamos de política, economía, ecología, diferencias y similitudes entre Chile y Argentina. Le preguntamos dónde podíamos parar, y nos dijo que averiguáramos en las cabañas bajando el cerro. Al último nos dijo que como plan Z, si no conseguíamos nada, veía de alcanzarnos a Chaitén.

Bajamos, averiguamos en las cabañas (impagables!) y decidimos seguir. yo me adelantaba en el camino para recoger agua de los ríos que íbamos cruzando (mi mayor temor era que Juan se deshidrate). Empezaba a anochecer y aún faltaban 20 km…

Continuará!

Sol

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Una forma diferente de comenzar el año- Parte 2: El recorrido

Después de armar las bicis nos tocaba la primera prueba: 26 km desde el aeropuerto hasta la ciudad de Esquel. Relativamente fácil ya que (a la vuelta lo lamentaríamos) era buena parte en bajada. Un poco molesto el viento en contra, pero no muchas más complicaciones.

Llegamos y armamos la carpa. Se nos acercó una chica yankee con su hija a invitarnos a tomar unos tragos a la noche. Se ve que hacía rato andaban en la ruta, un par de vans tipo Westfalia. La verdad, con todas las corridas y todo llegamos agotados, así que pasamos de la invitación, fuimos a dar una vuelta por la ciudad, cenamos un asadito y nos fuimos a dormir.

Al otro día salimos para Los Cipreses, último poblado antes de cruzar a Chile. El camino fue duro, no tanto por la extensión sino porque pasando Trevelin hubo unos cuantos kilómetros de ripio (más bien piedra podrida) en muy mal estado. Se nos aflojaron algunas alforjas con el traqueteo, y había que parar bastante seguido para acomodarlas.  Llegamos a al camping Puerto Ciprés y acampamos.

El día siguiente armamos todo y salimos para Chile. Cruzamos ambas Aduanas y nos dirigimos a Futaleufú. Ese trayecto fue más corto, unos 20 km, pero ya empezaron a aparecer algunas subidas complicadas, de esas que te tenés que bajar de la bici y empujar (que, con el equipaje y todo, era empujar 30 kg cuesta arriba). Allí hicimos noche.

De Futaleufú fuimos hasta camping Cara de Indio, distante 42 km de la ciudad. Este día fue complicado, con un camino de ripio y arena bastante escarpado, y lluvia constante todo el día. Hicimos noche acá también.

Luego partimos para Villa Santa Lucía. Unos 46 km también muy complicados, y con un clima malísimo. En teoría de acá íbamos a ir al sur para volver por el cruce de Lago Verde, pero los lugareños nos dijeron que el camino estaba en muy mal estado, y que había poca gente circulando (si nos pasaba algo íbamos a estar medio a la deriva). Así que decidimos seguir recto hasta el Océano Pacífico, hasta la ciudad de Chaitén.

Desde Villa Santa Lucía a Chaitén hay 75 km… O sea, un tirón. Pensábamos hacer noche en un punto intermedio a 55 km, El Amarillo, pero las circunstancias determinaron que vayamos directo a Chaitén. Allí nos quedamos 2 días (incluyendo Año Nuevo) y luego volvimos en bus hasta Futaleufú (por circunstancias que más adelante contaré).

De Futaleufu pedaleamos hasta Los Cipreses, ahí nos quedamos un par de días, y luego hicimos un tirón hasta Esquel. Noche allí, y al otro día al aeropuerto y de regreso a Buenos Aires.

Recorrido total en bici: 350 km.

Problemas: Varios

Diversión: Muchísima!!!

Es una aventura altamente recomendable! 🙂

Sol

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Triste día, triste

Hoy es un día triste para Argentina. Es un día triste para las instituciones, para el pueblo, para la Justicia. El fiscal Alberto Nisman fue encontrado muerto ayer en su departamento, justo un día antes de declarar ante el Congreso Nacional respecto de la denuncia hecha contra varios funcionarios públicos (entre ellos nuestra Presidente) por encubrimiento respecto de los responsables del atentado a la AMIA en 1994.

Más allá de lo que cada uno personalmente piense (si fue, como algunos sostienen, un suicidio o si realmente fue otra cosa), es triste notar cómo se ha fracturado nuestra sociedad. Cómo todo se ha reducido a un “conmigo o en mi contra”, a posiciones totalitarias, y muchas veces extremistas. Creo que ése es uno de los mayores deterioros que he observado en los últimos años. La gente ya no intercambia ideas con el fin de llegar a la mejor solución; todo se reduce a una feroz batalla para imponer sobre el otro lo que cada uno piensa.

Más allá de si sos oficialista u opositor (o cualquier verdura en el medio), sin importar el color de tu remera, todos deberíamos bregar por el esclarecimiento de hechos oscuros, de casos de corrupción, de cualquier favoritismo en la inclinación de la balanza de la Justicia. En esta época y en cualquier otra. Porque los gobernantes pasan, pero las obras, los silenciados, los desaparecidos quedan. Quedan el sistema educativo y la democracia dañados. Quedan las instituciones lastimadas. Y a la larga, hay hechos que nos afectan a todos, porque en definitiva acá no hay “lados”, no hay bandos. Sólo está el pueblo, que lamentablemente hoy está enfrentado en su seno.

Cada vez que sucede algo así, no puedo más que recordar estas palabras:

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar”

Martin Niemöller

Justicia y seguridad para todos, sin importar a qué partido político pertenezcas. Porque hay que tener en cuenta que si no hay Justicia y seguridad para “el que está del otro lado” tampoco la va a haber para uno, porque en definitiva, estamos todos en la misma balsa.

Sol

 

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Una forma diferente de comenzar el año- Parte 1: Los preparativos

Juan (mi novio) me propuso hace un tiempo hacer un viaje en bicicleta. Él ya había tenido un par de experiencias; yo sólo como medio de transporte urbano. Como todo lo que sea nuevo me llama la atención y me gusta probar, accedí. Como ninguno de los dos nos andamos con chiquitas, nos propusimos cruzar la cordillera de los Andes rumbo a Chile.

La idea era aprovechar los pocos días laborables que había entre Navidad y Año Nuevo. Así, el 24 de diciembre nos encontró soldando y cosiendo a contrarreloj, mientras se acercaba la hora de abordar nuestro avión a Esquel, Chubut, el día 25. Entre las corridas de las fiestas y los preparativos, tendríamos que haber agregado 5 días de descanso al viaje!

La primera parte fue la más estresante: los preparativos. Fuimos con nuestras bicis de calle, tipo mountain bike, una Scott (la mía) y una Orange (la suya), con amortiguadores delanteros. Debido a la situación económica argentina no se consigue nada importado, tuvimos que remover cielo y tierra para conseguir buenas cubiertas que no se pinchen cada 2 metros con el ripio (Juan consiguió unas Michelin Country Trail con Kevlar que resultaron lo mejor del mundo!). Por el mismo motivo terminamos haciendo buena parte del equipo nosotros: Juan soldó las parrillas portaequipaje delanteras, y yo cosí alforjas traseras y delanteras, y los bolsos para el avión (que ego servirían de piso de carpa).

Fue complicado… El cansancio de fin de año, el calor, el trabajo (dentro y fuera de la oficina) y las corridas generaron un caldo de cultivo donde no faltaron las discusiones. Obviamente, todo se diluyó cuando logramos despachar nuestros enormes bolsos y abordar la aeronave.

Llegamos a Esquel, armamos las bicis en el aeropuerto, y pedaleamos los primeros 26 km hasta nuestro primer camping. Comenzaba una hermosa aventura 🙂

Esta historia continuará…

Sol

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Welcome back!

Bueno, al menos para mí… Ya es medio repetitivo esta cuestión de hacer racconto del tiempo desaparecida, y prometer(me) nuevamente mantener la constancia de escritura. Y como ya tengo más vueltas que los Chalchaleros, entonces nada, así, retomo sin explicaciones ni disculpas ni promesas. Un poco lo que estoy intentando ser, hacer en mi vida. Más zen, digamos.

El año pasado fue raro… Medio de transición, medio de transformación, soltando varias amarras y tomando algunas decisiones importantes. Veremos qué nos depara el 2015!

Hoy, cortito y al pie.

He vuelto (una vez más).

Nos leemos por acá 🙂

Sol

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